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Los Diez Mandamientos đŸ’¯

No matarĂ¡s. Ni con la lengua, ni con el silencio, ni con la indiferencia que disfraza de justicia.

No te harĂ¡s imagen. Porque lo eterno no cabe en el oro ni en la madera que la polilla besa. Los Diez Mandamientos

No fueron escritos con tinta, sino con el dedo de fuego sobre el lomo de la montaña. No piden opiniĂ³n. No negocian con el polvo del que fuimos hechos. No matarĂ¡s

Honra a los que te dieron sombra cuando no tenĂ­as nombre. El padre, la madre, ese primer techo. Sin ellos, ni siquiera el pecado serĂ­a tuyo. Porque lo eterno no cabe en el oro

No codiciarĂ¡s la mujer ni el hombre del otro. El deseo no es un delito, pero la envidia es un veneno que se bebe solo.

Ni su casa, ni su campo, ni el animal que lleva su sueño. Porque la paz del otro no es un mapa para tus pies hambrientos. (Pausa)

No tomarĂ¡s lo que el otro llama hogar. Ni su cuerpo, ni su sed, ni el sudor de su jornada.